31 mar 2017



Ziran es amanecer en un parque, el aire que mueve las hojas de los árboles, el frío de la mañana, el sol que te da en la cara, unos pies que se afianzan sobre la yerba mojada, unas rodillas que se flexionan, dos caderas encajadas, la columna alineada, unos hombros relajados, el cuello que sostiene tu cabeza elevada, las cuentas de un collar en su hilo enfiladas, la mirada controlada, la vista en un punto del horizonte fijada, unos brazos que se alzan, unas muñecas que se giran, unos codos que se recogen hacia el cuerpo relajados, unas manos que acarician la nada.


Ziran es la Naturaleza que nos rodea, el día que te ilumina, la noche que te abraza, las estrellas que te guían, la derrota de tu vida, la estela que dejas para que alguien la siga. Eres tú, por ti mismo, un fluir y dejarse ir, las olas que van y vienen y siempre acarician su playa, la arena que se deshace bajo las aguas mojada, unos brazos que se abren como dos alas de aves. Es tratar de abarcar el universo en un solo estiramiento, girar las palmas de las manos, subir despacio, abarcar el cielo entre los dedos, rotar el tronco sobre su cintura fijado. Es deshacer el movimiento, volver al inicio, recogerse en uno mismo, respirar tranquilo, inspirar y expirar de forma natural y tranquilo.


Ziran es tratar de ser solamente uno mas, romper las cadenas y echar a volar, levar anclas y hacerme a la mar, dejarme llevar sin mirar atrás. Dar un paso hacia delante y otro hacia atrás, retroceder y avanzar, balancear el peso de mi cuerpo para que me ayude a navegar, doblar las muñecas hacia arriba o hacia abajo para equilibrar el equilibrio y estabilizar un rumbo fijo. Es el todo y la nada, la quietud y el movimiento, la mente y el cuerpo, es querer y es poder, la perfección del ser, es también un llegar a ser, es negarse a no poder. Ziran es simplemente la Naturaleza del ser.


jmc.Enero'2013´

El principio de la practica




"Al principio era un bloque de cemento (el tronco) con dos vigas rígidas (los brazos). Imposibles de manejar, poco a poco, se fueron esculpiendo las partes de aquel todo, construyendo las piezas de un puzzle en movimiento, ablandándolas cada vez más hasta llegar hacerlas dúctiles y manejables. Se desgajaron primero los brazos del tronco, empezaron a girar solos, luego el tronco empezó a rotar.
Primero a un lado y luego al otro. Las muñecas comenzaron también a bailar. Al principio se chocaban, se estorban. La que tenía que quedarse por dentro y pugnaba por salirse fuera, hasta los brazos se revelaban. Todo era caos y agitación. Se aprendía la mecánica pero sin voluntad ni intención. Memorizado el movimiento, este era artificial, monótono y falso. Carecía de magia, le faltaba vida, aquellas manos no podían echarse a volar, ni las nubes llegar a tocar. La ansiedad hacía el movimiento irreal, agarrotado, tenso e incontrolado. Luego todo empezó a cambiar, la mente empezó a funcionar.
Las piezas se independizaron, brazos, antebrazos, muñecas y manos obedecían al movimiento que dictaba ahora únicamente la intención. Flotaban las manos en el aire dibujando casi la perfección. Sola seguían a la razón que empezaba a gobernar aquella desazón.
Todo era suave y relajado, el movimiento se hizo pausado, lento y depurado. Las manos volaban como nubes de algodón"

Reflexiones de Jorge M. Cano, practicante de Wu-Tai Chi Chuan- Madrid.